Nueva punción y tercera transferencia

Cuatro días más tarde de la Beta negativa del 15 de junio y tras haber dejado la progesterona me bajó el período.

Como no nos habían vuelto a citar hasta el 16 de agosto, decidimos tomarnos la cosa con relajación y disfrutar de las vacaciones de verano. Pero yo seguí con mis test de ovulación y mis temperaturas basales…..es difícil desengancharse.

Eso me servía para seguir controlando mi cuerpo, y no nos engañemos, para seguir detectando los “días fantásticos” porque al fin y al cabo, nos habían dicho que nuestra infertilidad era por origen desconocido.

No habían encontrado nada alarmante que me impidiese quedarme embarazada. Así que…¿y si sonaba la flauta?.

El 9 de julio cogimos un avión dirección a Menorca. Tenía muchísimas ganas de conocerla y la verdad es que no me decepcionó en absoluto. Calas paradisíacas de arena blanca, agua azul turquesa y mucha tranquilidad.

Evité pensar en “la mala suerte” o en “que se me pasa el arroz” y me dediqué a relajarme.
Recuerdo que busqué un libro para llevarme a la playa que fuese la antítesis de un drama y me compré “No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas» que me acompañó cada día a la playa.

Libro

El 17 de julio me hice un test de embarazo y de nuevo negativo. Pasados dos días, la “mujer de rojo” vino a visitarme.

El 16 de agosto, fuimos a consulta. Firmamos de nuevo los consentimientos, y venga, a seguir con un nuevo tratamiento. Te lo explican, te dan lo que ellos llaman “ la hoja de ruta” (que es donde viene anotado el protocolo para tomar y pincharte la medicación) te desean mucha suerte en la próxima, sonrisita y que pase el siguiente.

A ver…que no digo que los médicos no lo sientan, pero yo cada vez que voy, me atiende uno diferente (de 3 que me tratan), que tiene que leerse lo que su otro compañero ha anotado en mi historial de la última consulta y eso a veces.…. jode. Depende cómo te pille el día.

Me indicaron que comenzase a tomar la píldora anticonceptiva el primer día de regla (en concreto me recetaron Microdiol) y que continuase con el Yodocefol.

La regla me bajó el 19 de agosto y el día 30 me citaron para una ecografía vaginal.

En esa ecografía, comprobaron que los ovarios estaban parados. Me indicaron que dejase de tomar la píldora al día siguiente y que en 3 días me bajaría de nuevo la regla (yo no sé los paquetes de compresas que habré gastado desde que comenzamos con la búsqueda).

El segundo día de la regla tendría que comenzar a pincharme la medicación.

Esta vez me subieron la dosis de Gonal (de 225 que me pinchaba la primera vez, a 300 ahora) y me mantuvieron en 75 la dosis de Menopur.

Comencé con los pinchazos el día 5 de septiembre y el próximo control sería el día 9.

En esa semana tuve una nueva sesión de acupuntura. La chica me explicó una historia sobre que según la filosofía china, el riñón es el “guardián de la fuerza” porque es la fuerza motora que activa las funciones básicas de todo el organismo (la fuerza física y sexual, la distribución de líquidos, la estructura ósea, el aparato reproductor, las glándulas de secreción interna, el cabello, etc) y que para tenerlo tonificado debía comer muchos mejillones y mucha legumbre.

Yo ya sabéis que pruebo todo lo que creo que no me va a hacer daño, así que en esos días me dediqué a cenar mejillones todas las noches y a comer lentejitas.

El día 9 de septiembre me vieron en la ecografía 6 folículos, 3 en cada ovario. Aún tenían entre 9 y 6 mm.

El 12 de septiembre ya tenía 8 folículos. De ellos, 3 eran de 14 mm y el resto menores de hasta 8 mm. Las medidas iban siendo las adecuadas así que al día siguiente tenía que empezar a pincharme Orgalutrán (para evitar una ovulación prematura).

(Os dejo el enlace de un post que escribí dónde os contaba qué es y para qué sirve toda la medicación que nos tenemos que pinchar en estos tratamientos – ¿Para qué sirven en la Reproducción Asistida Gonal, Menopur, Orgalutrán y Ovitrelle?)

Me encontraba bastante animada.

En la revisión del día 14, mis 8 folículos seguían allí, con un tamaño ya de entre 11 y 14 mm. Además el endometrio lo tenía en 11 mm y recuerdo que el gine me dijo que estaba “bonito bonito”. …(ya sabéis que si dices una palabra dos veces, se multiplica su atribución. No es lo mismo decir, «qué tio más feo«, que decir “ese tio es feo, feo” …..porque eso ya viene a decir que no le tocarías ni con un palo).

El día 16 de septiembre, mis 8 folículos estaba entre 15 y 18 mm, por lo que me indicaron que al día siguiente debía pincharme el Ovitrelle a las 21:30 h (que desencadenaría la ovulación en unas 34-36 horas) y el día 19 sería la punción a las 9 de la mañana.

Peeeeerooo es día también me dijeron que mi endometrio estaba en 14 mm. Y otra vez empecé a rayarme. Mi endometrio ya no era tan “bonito bonito”, era más bien, grueso. Si seguía así, iba a llegar a la transferencia con al menos 16 mm y ya os comenté que lo ideal era que estuviese entre 7 y 10 mm y que fuese trilaminar.

El día de la punción me extrajeron 8 ovocitos. Esta vez la anestesia me sentó regular y estuve algo mareada y más dolorida. Como no paraba de rondarme por la cabeza el tema del endometrio, se lo pregunté a la doctora que me hizo la punción y me dijo que un endometrio a 14 mm estaba perfecto y que ellos hacían transferencias hasta con 17 mm.

Me fui más contenta a casa. Lo que no le pregunté es cuantas de esas transferencias, habían acabado en embarazo. Dato importante.

Al día siguiente me llamaron del laboratorio para decirme cuantos había fecundado. De los 8 sólo 2 lo habían conseguido. No me lo podía creer.

¿Qué había pasado esta vez?.

Con el buen número de fecundados que había tenido la primera vez, ¿qué había hecho mal yo?. Otra vez el mundo a los pies. Otra vez la puñetera montaña rusa de emociones.

Menos mal que por la tarde tenía acupuntura y eso me relajaba bastante. De hecho salí de allí, después de las agujas, de la música zen, del olor a incienso, del calor que me puso en la zona debajo del ombligo, pensando en que esos 2 embriones iban a ser mis campeones y que se iban a quedar conmigo.

Al día siguiente (21 de septiembre) me hicieron la transferencia. Antes de empezar, la embrióloga nos explicó que los ovocitos no estaban en muy buen estado. De hecho, de los 2 que me iban a poner, uno estaba bien pero el otro no. Su calidad no era buena, por eso los demás no habían salido adelante.

Durante la transferencia, miraba a la pantalla del ecógrafo y pensaba en todas aquellas historias que había leído en el foro Proyecto Bebé, de chicas con embriones de mala calidad que se habían quedado embarazadas. Quería ser optimista, aferrarme a alguna esperanza.

La beta sería el día 5 de octubre.

Betaespera

Durante esa “betaespera” intenté visualizarme embarazada como me decía mi acupuntora.

Me decía: “tienes que verte paseando en el parque con el carrito, o dando de comer a tu hijo por ejemplo”. Y yo intentaba imaginarlo con todo lujo de detalles. Quería percibir los olores, ver los colores, sentir el calor de esa proyección, pero tengo que reconocer que a veces me costaba mucho. Aparecían los pensamientos negativos.

Le pedí a mi padre cada noche que me ayudase a que al menos uno de los embriones se quedara conmigo. Le rezaba de alguna manera para que siguiera protegiéndome, cómo sé que lo hacía desde que se fue.

Tuve los síntomas normales de cualquier “betaespera”. Dolorcillos de regla, pinchazos en los ovarios, algún tirón en el útero, pechos hinchados (por la progesterona), muchas ganas de ir al baño (también por la progesterona), etc.

El día 30 de septiembre, me desperté con un terrible dolor de cabeza y al ir al baño ví que tenía un ligero manchado marrón. Eso no pintaba bien.

Al día siguiente, el manchado ya era más abundante y de color rojo. Sentada en el baño, me tapé la cara con las manos. No quería llorar. Tenía que afrontarlo. Pensé “por favor, si esto es algo, que sea la regla, que no sea nada peor por favor”.

Los días siguientes seguí manchando cada vez más y los dolores sin duda, eran de regla.

5 de octubre. Beta Negativa.

fuerza cadenas

Pero lo que no te mata, te hace más fuerte.

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